jueves, 14 de febrero de 2013

San Prepucio


14 de febrero, San Prepucio, un día tan especial como cualquier otro para volver, después de más o menos un año desaparecido de estos lares.
Un año en el que he estado muy ocupado, en el que he dormido y leído poco, trabajado mucho y me he agobiado bastante. Un año en el que, parafraseando a García Márquez en el prólogo de cierto tomo recopilatorio de Mafalda que rodó por mi casa muchos años, he pasado de ahogarme en un vaso de agua a hacerlo en un plato de sopa.


Solo espero que este año me haya acercado un poco más a eso de ser adulto, porque si no, sencillamente, habría sido un año de mierda en el que me han pasado unas cuantas cosas.
Varias operaciones quirúrgicas menores pero molestas, pérdida total de los progresos que había hecho en el gimnasio (en el momento de escribir esto han pasado la friolera de dieciséis meses de que deje de ir con regularidad), o intentar aprender a afrontar todas las consecuencias de mis actos en una realidad a la que no puedes teclearle un truco de invencibilidad (o ya puestos, dinero infinito) ni le puedes poner un trozo de papel higiénico de marcapáginas y dejarla en una estantería indefinidamente.

A  pesar de que sigo inmerso en esa realidad hostil que describo, he decidido volver a juntar letras para pegarlas aquí. ¿Por qué?
El mundo no ha cambiado nada, sigue siendo igual que este último año; feo, sucio, miserable, lleno de facturas que pagar, lleno de mujeres con rostro triste y quemado por el sol sentadas en la entrada del supermercado que supuestamente piden solo para comer pero te miran con mala cara si les das una barra de pan (les falta un cartel  ‘Solo efectivo, no acepto pagos con tarjeta de importe menor a 12 Euros’ a las jodías). 

Entonces ¿Qué hago aquí otra vez? ¿Por qué quiero volver?

Sencillamente porque entre tanta aridez hay momentos que lo compensan todo, porque seis horas de sueño han pasado a ser una bendición y un bálsamo, porque la noche que semanalmente quedo con uno o dos amigos para comer comida basura y beber un par de cervezas ha pasado a ser una de las noches que espero con más ilusión. Sencillamente, porque he decidido aceptar que ahora tengo muy poco tiempo libre y que más me vale aprovecharlo haciendo algo con un mínimo de provecho en lugar de lamentarme porque (valga la redundancia) tengo poco tiempo libre.

Eso significa que siempre que un rato de mi tiempo libre ha coincidido con el tiempo libre de alguien que me es preciado he hecho lo posible por ver a esa persona. Pero pasa muy a menudo que mi rato de tiempo libre no coincide con el de nadie, y es ese tiempo, que estos meses he dedicado a lamentarme cual capullín emo adolescente, el que he que he decidido usar para volver a hacer/escribir chorradas con las que actualizar esto.

Ahora al volver la vista atrás me doy cuenta de que a este blog le faltaba una entrada en la que respondiera a una pregunta: ¿Qué quiero ofrecer?
En su momento no la hice porque mis lectores potenciales eran todos conocidos y amigos y me pareció normal empezar a expresarme sin hacerles perder el tiempo con una introducción, ellos me conocen y saben de qué pie cojeo.

Para todos aquellos que no me conozcan (si llegara a pasarse alguien así por aquí) diré que no tengo intención de limitar mi temática, hablaré de lo que crea conveniente, de lo que aprenda, de lo que me interese, de lo que me preocupe, de lo que me fascine en cada momento, ni más ni menos.

Aun así, me permitiré augurar que lo vais a poder ver aquí será una continuacion natural de lo que ya hice en el pasado. Probablemente grabe alguna narración, hable de comics y de cine, cuente anecdotas personales, me haga eco de mi arte culinario y de trabajos de amigos con los que es mas que probable que haga colaboraciones. Y seguramente también me permita hacer algún que otro experimento raro o troleo, tal y como ya he hecho en el pasado.

Sed todos bienvenidos.

Autofoto con una reflex. El colmo de los colmos.

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