Han pasado dos años de los acontecimientos de la primera película. En este tiempo Thor se ha dedicado a pacificar los 9 reinos, mientras que Jane Foster ha estado investigando para Shield.
Contra todo pronóstico, a pesar de haberse visto solo un par de días en su vida, que hayan pasado unos 24 meses, que ven a diario a gente del sexo opuesto disponible y compatible, y que entre ellos no tienen nada en común, ambos siguen extrañamente colados el uno por el otro.
Una casualidad relacionada con un alineamiento cósmico (de esos que ocurren una vez cada 5000 años. Si, de esos que has visto ya más veces de las que puedes contar en historias de ficción), unido a que la muchacha estaba en el sitio exacto en el momento justo, hacen que Jane adquiera dentro de su cuerpo un poder (el éter) que, a grandes rasgos, es la principal meta del villano de esta obra.
Que la muchacha adquiera semejante poder es la excusa cogida de los pelos para que ella y Thor se reencuentren y que ella salga en gran parte del metraje. Tanta casualidad provoca que las barreras de la física, la realidad y de nuestra suspensión de la incredulidad se tambaleen.











